Pedro de Portillo, un vallisoletano obligado a descubrir El Dorado

PEDRO PORTILLO PEDRO DE PORTILLO: UN VALLISOLETANO FORZADO A CONQUISTAR EL DORADO. Anastasio Rojo Vega.
  1. La Mancebía de Valladolid y el Hospital de la Resurrección.
Generalmente en Valladolid se habla de “la mancebía’ teniendo en mente la que hubo en las afueras de la Puerta del Campo, actual Casa de Mantilla, pero, en realidad, esta no era sino la ‘mancebía nueva’, heredera de la ‘ramería vieja’ sita en la Edad Media y hasta primeros años del XVI en torno al viejo hospital de la San Antón y la puerta de San Esteban – mujeres de vida alegre se ha llamado, quizás por eso Lope de Rueda montó en sus inmediaciones el primer patio de comedias vallisoletano -, especializado en cáncer y ‘fuego de San Antón’. La crónica de la mancebía de la Puerta del Campo sería la siguiente[1]: el 4 de septiembre de 1423 los regidores de la villa hicieron donación de un suelo `para mancebía’ a Juan Barbero; el 9 de julio de 1445 los regidores acordaron ceder el suelo de la actual Casa de Mantilla a Juan Sagredo; unos días después, 4 de agosto de 1445, los regidores escrituraron el arrendamiento a Sagredo de dicho suelo para que hiciese “casas y boticas para las mujeres públicas, en recompensa de otras boticas que el dicho García de Sagredo tenía en la ronda [de Santisteban, junto al hospital de San Antón], arrimadas a la cerca de la dicha villa”. El 18 de enero de 1448 Teresa García, mujer de Sagredo, hizo testamento nombrando heredera de todos sus bienes a la cofradía de Nuestra Señora de la Consolación, encargada de la crianza de niñas huérfanas, cosa que su marido aprobó y ratificó el 8 de febrero de 1449, siendo esta la causa por la que la Mancebía pertenecería en el XVI a la mencionada cofradía. El 8 de marzo de 1478, siguiendo los deseos de su mujer fallecida y los suyos propios, hizo por fin donación del establecimiento a la cofradía, que tras escritura ante el notario Diego Sánchez de Ávila, tomó posesión del edificio ese mismo dicho día; siguen ratificaciones de tal donación en 2 de mayo y 26 de julio de 1484 y finalmente un testamento de Sagredo certificando una vez más la donación llevada a cabo, un testamento aprobado por los comisarios de la Santa Cruzada en 9 de octubre de 1484. A partir de este momento la cofradía de Nuestra Señora de la Consolación y de la Concepción – maravilloso título, teniendo en cuenta el trato a que se dedicaba – toma las riendas absolutas de la ‘casa’ y de la prostitución local, luchando contra la competencia de cantoneras y busconas, reclamando para sí el monopolio de la carnalidad. Así del 7 de julio de 1512 es una carta ejecutoria, escrita en pergamino, con sello de plomo pendiente, que ordena: “que todas las mujeres que hallase decir que ganan dineros en la Ronda [parece que la ramería vieja no acababa de desaparecer, pese a todo] de esta villa y en los mesones y tabernas y otras partes desta dicha villa, que las llevase a la casa y corral de la mancebía desta villa, que está fuera de la puerta del Campo”. La justicia, acatando la orden, pregonó por la villa “que ningún mesonero o mesonera, ni tabernero, ni otra persona no acojan ni consientan que las dichas mujeres ganen dineros, ni entren en sus casas”, excepto a la de la Consolación, bajo pena de multa de diez mil maravedís. El pregón se hiio en los puntos en que sabía era frecuente el trato callejero con mujeres públicas: calle de Santiago junto al cantón del monasterio de San Francisco; junto a la puerta del Campo frente a la misma mancebía; calle de la Ronda detrás de Santisteban, “donde dicen la Ramería”; misma puerta de San Esteban; calle de Francos junto al hospital de Esgueva y la Solana, junto al puente de la Esgueva. Eran tiempos en que parece haber existido descontrol y anarquía en el negocio, en parte por descontento de las mujeres que lo practicaban, pues “de algunos días acá, diz [el mayordomo] que las mujeres de la dicha mancebía se salen de ella y se van a errar a los mesones”. La cofradía de la Consolación estaba muy preocupada por la pérdida de su principal fuente de ingresos: “y que así pasase [que siguiesen tratando fuera de la casa] el hospital recibiría mucho agravio y daño y no se podría remediar y sustentar el dicho hospital y los enfermos del, por ende que me suplicaba [a la reina Juana] y pedía por merced sobre ello proveyese [y] de remedio con justicia, mandando sobre graves penas que las tales mujeres de la dicha mancebía no estuviesen en la dicha villa, o calles della, ni en los dichos mesones y tabernas y casas, sino en la dicha mancebía”. El hospital a que se refiere el documento es el que la cofradía tenía en la calle de Santiago, frente al convento de las Comendadoras de Santiago, conocido más tarde por el título popular de ‘las francesas’. El 17 de julio de 1513 una nueva provisión real ordenó se guardase la de arriba y todavía en 1520 el emperador Carlos V firmó una nueva repitiendo puntualmente todos los términos de la ordenada por su madre en 1512. Estamos hablando de la mancebía nueva como totalmente instalada y monopolizadora de la prostitución regulada local desde finales del siglo XV, pero en realidad el pleito con la ‘ramería vieja’ sobre los derechos de explotación no concluyó hasta 1536; ello se debió a que los antiguos explotadores no habían sido unos cualquieras, sino familias poderosas de la ciudad, de las más poderosas, don Rodrigo de Verdesoto y don Pedro de la Cuadra, de los linajes y don Pedro señor de Piña de Esgueva, “como dueños que decían que eran de las casas de la Ronda de Santisteban y San Antón”. 1536 sería el año de la tranquilidad y del monopolio definitivo, en lo que se podía en estos temas. Años de paz, tranquilidad y cumplimento estricto de las constituciones: “Yten que el dicho Juan de Sevilla[2] haya de hacer y haga a las mujeres de la dicha mancebía buen tratamiento y les haya de dar su ,mantenimiento por manera que no se quejen y que no pueda llevar a cada mujer más de lo que es costumbre, que es un real de plata por el comer y casa por cada un día. Yten que el dicho Juan de Sevilla haya de dar y de a la dicha cofradía y a su mayordomo en su nombre a cada mujer, que en dicha casa viniere a ganar, medio real por cada día, lo cual ha de pagar en fin de cada semana y dar buena cuenta con pago al mayordomo de la dicha cofradía de todo lo que hubiere de pagar y debiere en cada una semana. Yten que la dicha cofradía ha de dar todas las camas de ropa y madera para las mujeres que vinieren a la dicha casa a ganar, de lo cual el dicho Juan de Sevilla ha de dar cuenta y razón a la dicha cofradía y al dicho mayordomo en su nombre”. Sin embargo, la tranquilidad siempre fue relativa. Ya en 5 de diciembre de 1525 se recoge la primera queja de “diferentes dueños de casas inmediatas a la de la mancebía de las mujeres de mal vivir”, unas protestas que siguieron pero que la cofradía de la Consolación acalló siempre mostrando sus privilegios, con sello de plomo, imponentes, de la reina Juana y del emperador. El primer disgusto, menor, tuvo lugar en 1542, cuando el Regimiento local hizo mudar de sitio la casa principal de la casa: “mudar la puerta de la mancebía en la pared frontera de donde abhora está, que es a las espaldas de la misma casa, porque aquel trato inmundo y deshonesto se desviase más de la conversación de la gente noble, y se cerrase la puerta que ahora está”; ya que se consentía el trato, que la puesta no ofendiese a quienes pasasen por el Campo, el lugar de las entradas reales y de las paradas de la caballería. La cofradía no estuvo de acuerdo, “habiéndose mandado por la villa de Valladolid que la puerta dde la Casa de la mancebía se cerrase y diese salida por otra parte, se opuso la cofradía de la Consolación para que se volviese a su antiguo estado, porque abriendo la dicha puerta al lado opuesto [de] donde se hallaba, se daba motivo para que la inmunda gente que la habitaba tomase trato con la noble y esto perjudicaba mucho a la cofradía”. Las obras de cambio la entrada se hicieron, a costa del Ayuntamiento.       No contento con ello, el Regimiento se propuso quitar de allí la casa de lenocinio y comenzó una campaña de acoso que concluyó en 1552 con la toma de la casa por el propio ayuntamiento, a cambio de una renta pagada a la cofradía, y el traslado de la misma a parte más alejada y oculta de la ciudad, apartándola de la ‘entrada más principal de ella’, porque, ciertamente, lo primero que encontraba el viajero que llegase a Valladolid desde Madrid y el Sur, a mano derecha de la puerta del Campo de la muralla, era la mencionada mancebía.       El Ayuntamiento vallisoletano elevó informe tras informe al Consejo Real y por fin consiguió una provisión de 10 de marzo, de 1552, en que se decía: “Por parte de vos el concejo, justicia y regidores de la villa de Valladolid nos fue hecha relación diciendo que había ciertos años que por ornato y beneficio público había sido acordado por esa docha villa que se quitase la casa de la mancebía que está fuera de la puerta del Campo, por ser la más principal salida que esa dicha villa tiene, y para el dicho efecto esa dicha villa se había concertado con el hospital y cofrades de Nuestra Señora de la Concepción y Consolación de esa dicha villa les diese renta de veinte mil maravedís por solo la renta y derecho del ejercicio de la dicha casa, después de lo cual por nuestro mandado esa dicha villa había procurado y buscado sitio y lugar dondse se pudiesen reducir los dos hospitales que están dentro de esa dicha villa que se dicen de Canseco y de los Santos, donde se curan los heridos y llagados que hay en ella de bubas – sífilis - y de otros males contagiosos y puesto que de propósito y con mucha diligencia y cuidado habíades andado a buscarlo, no habíades hallado lugar que tuviese disposición y comodidad conveniente para dicha reducción e incorporación de los dichos hospitales si no fue la dicha casa pública de la mancebía, donde de más será Nuestro Señor servido allí donde ha sido tan ofendido y estar la dicha casa fuera del pueblo, que es lo que conviene para los dichos contagiosos”.             
  1. Fundación del hospital de la Resurrección: el padre Alonso de Portillo.
Pese a que la escritura de arriba es de 1552, hay que retrotraer la fecha de fundación del hospital de la Resurrección hasta el año 1544 si damos crédito a una información solicitada por el padre Alonso de Portillo en 1569, como clérigo administrador del mismo, en la que afirma llevar al frente del mismo veinticinco años[3]; tal información, elevada a la Corte Romana, quería demostrar que el hospital era muy pobre y necesitado y cómo “es solo en esta villa donde se curan las bubas y otros males contagiosos”, según Portillo recibía diariamente entre cincuenta y sesenta pobres, hombres y mujeres, “dándoles todo lo necesario y con la mayor limpieza”[4].   La declaración del padre Portillo que no coincide con lo generalmente aceptado, que atrasa la erección del hospital hasta 1553, así el historiador Antolínez de Burgos escribe: “en 5 de abril, domingo de Ramos del año 1553, tomó la posesión [Alonso de Portillo], habiendo tomado licencia de don Alonso Enríquez para poner allí el Santísimo Sacramento”[5]. Canesi Acebedo, por su parte, afirma, hablando de la mancebía y del año 1553: “y que a esta se mudasen dos hospitales que estaban dentro de la villa, en dos casas muy desacomodadas, una en la parroquia del Salvador, con advocación de hospital de los Santos, y otra en la calle de San Benito el viejo, junto a las casas del marqués de Toral… con el título de San Pedro Mártir”[6]; el mismo en otro párrafo, dice que la fundación fue exactamente el 15 de abril de 1553: “en 15 de aquel mes pasaron a él los enfermos, así los del hospital de los Santos o de los Desamparados, que como he dicho estaba en la parroquia del Salvador, que su fundación es muy antigua y distinta de la que el conde D Pedro Ansúrez hizo, y el de los Convalecientes de San Pedro”. Puede que ambas partes tengan razón, pero si el padre Portillo estaba ya con sus enfermos en la casa en 1544, las condiciones de estos no debían ser muy buenas, ocupando las antiguas ‘boticas’ de las prostitutas en vez de las salas hospitalarias para hombres y mujeres que la higiene y la medicina exigía. Lo que está claro es que en el citado año de 1553 estaban en curso ampliaciones y obras en la otrora mancebía y podemos ver cómo doña María de Zúñiga, viuda de don Pedro de la Cerda, daba al hospital “que se solía intitular de los Santos”, en 24 de agosto, un suelo pegado al mismo, en una calleja entre el hospital y casas del rejero Francisco Martínez[7] y cómo el 16 de mayo Antonio de Zamora, Alonso de Portillo y Gregorio de Torquemada, clérigos administradores del “hospital nuevo de la Resurrección que está junto a la puerta del Campo”, concertaban obras de cantería con Juan de Vega[8]. Las obras principales debieron acabar en torno a 1567, cuando, un 26 de octubre, la cofradía de la Resurrección fundada por el padre Portillo, declaraba haber hecho en el hospital una iglesia muy buena, ya con Santísimo Sacramento y haber “gastado mucha suma de maravedís” en todo, razón por la que pedía permiso para vender unas casas en Cantarranas[9]. Parte de las obras se hicieron gracias a limosnas, así el 21 de abril de 1552 el regidor Hernando de Vega, Andrés de Ribera y Luis de Villa dijeron haber estado pidiendo limosna a los herederos del vino “para los edificios del hospital que se ha tratado de hacer en la casa de la mancebía de esta dicha villa”[10]. Las ordenanzas de la cofradía y, en definitiva, del hospital fueron aprobadas el 20 de septiembre de 1573[11], una Regla y ordenanzas de la cofradía del hospital de la Resurrección, con este encabezamiento: “En la villa de Valladolid a veinte días del mes de septiembre de mil y quinientos y setenta y tres años, estando en cabildo general en el hospital de la Resurrección, que es fuera de la dicha villa los cofrades y diputados administrador y cura de esta dicha casa y cofradía, especialmente Alonso de Portillo, mayordomo y administrador del dicho hospital, el licenciado Santiso, el licenciado Vitoria, Francisco de Guevara, don Juan de Santisteban, Sebastián Martínez, Juan de Villafranca, el doctor Burgos de Paz, García de Valdivia, Jerónimo falaguer, pedro Ruiz de Roa, Diego Gascón, Francisco Cerón, don Juan de Paz Osorio, habiendo tratado muchas veces antes de ahora de lo que conviene para la conservación de ste dicho hospital y cofradía…”. La Regla es muy prolija, como siempre sucede con este tipo de documentos, con un prólogo y un largo articulado. El prólogo recuerda sus orígenes como mancebía: “En el nombre de la Santísima Trinidad, padre, hijo y espíritu santo, que son tres personas y un solo Dios verdadero… decimos que por cuanto nuestro señor fue servido que esta casa en que ahora está este hospital de la resurrección en esta villa de Valladolis se hiciese casa de oración en la cual era antes su majestad tan deservido y ofendido por ser como era casa pública de mujeres y es justo que este hospital y las obras santas que ahora en él se hacen así en misas como en sacrificios y oraciones como en servir y curar a los pobres vayan adelante y haya personas que tengan perpetuamente cargo y cuidado de las cosas que tocan al dicho hospital y el culto divino se aumente de cada día y los pobres tengan con qué mejor ser curados y mirados, de que Dios nuestro señor es tan servido, se ha acordado que haya en este hospital una cofradía y hermandad de personas devotas de que en Dios nuestro señor se sirva… y por que para la dicha cofradía sea bien regida conviene que se hagan sus reglas y ordenanzas que se hayan de guardar, fue acordado que se hagan las reglas y capítulos siguientes...”. El 14 “trata del libro que ha de tener el administrador para asentar los nombres de los pobres que en esta casa se recibiere: Otrosí ordenamos y mandamos que haya un libro particular en que el tal administrador que por tiempo fuere sea obligado a asentar en él los nombres de los pobres que se recibieren y de dónde son vecinos y cuyos hijos son y si viven sus padres y si son casados y con quién y si tienen hijos o no y qué hacienda tienen y que en el dicho libro se asienten el día que fuere recibido y si murieren en el dicho hospital el tal administrador sea obligado a asentar luego en el dicho libro cómo murió y qué día y mes y año para que haya certidumbre de su muerte quien quiera que quisiere saberlo y que no estando el dicho administrador en el dicho hospital o estando ocupado mandamos que lo haga el enfermero que en el dicho hospital hubiere”.             Y en el 32 se trata “De los pobres que se han de curar en esta casa y cómo han de ser recibidos: Otrosí ordenamos y mandamos que en el dicho hospital solo se reciban pobres que tengan bubas y no otro mal, pues para ellos se orednó este dicho hospital y cofradía y mandamos que antes que sean recibidos por el dicho administrador y diputados los vean el médico y cirujano de esta casa para que diciendo ser de esta enfermedad se reciban y no lo siendo no y sobre esto encargamos las conciencias a los dichos médicos y cirujanos”.             Si antes fue casa de mancebía, ahora era casa especializada en el tratamiento de las bubas, es decir de la sífilis, la enfermedad nueva que se decía llegada de América con Colón. Una información más tardía, de 15 de abril de 1599, así lo manifiesta[12]: “El hermano Juan Ruiz, en nombre del hospital de la Resurrección desta ciudad de Valladolid = digo que el dicho hospital tiene necesidad de que se reciba información de testigos de cómo en el dicho hospital continuamente se curan en las enfermerías de él muchos pobres de llagas y de sudores y de unciones y de estos males contagiosos en seis enfermerías que en el dicho hospital hay continuo con tanto concurso que siempre están las enfermerías llenas y la cura es tan útil y ptovechosa y tan general que de más de veinte leguas [ciento diez kilómetros] a la redonda de esta ciudad no hay otro hospital do se curen estas enfermedades si no es en este de la Resurrección…”; naturalmente, se solicitaban ayudas para mantener tan útil y piadosa actividad.            
  1. El otro padre Portillo, cura de Moyobamba.
Como ha podido verse en escritura de 16 de mayo de 1553 sobre condiciones de obra de cantería,  los ‘clérigos administradores’ del hospital fueron en un principio tres: Antonio de Zamora, Alonso de Portillo y Gregorio de Torquemada, sin embargo la tradición y los primeros hiitoriadores locales atribuyen la fundación y el desarrollo del establecimiento exclusivamente a uno de ellos, a Alonso de Portillo, ¿por qué?. Gregorio de Torquemada desaparece del proyecto simplemente porque fallece en 1558, haciéndose inventario ‘post mortem’ de sus bienes el 31 de octubre de dicho año. Dejó una pequeña biblioteca y entre los libros:  “un libro de lo que se gasta en la obra del hospital”[13]. De las razones de Alonso de Zamora no tenemos ni la menor idea. Gozó de larga vida. El 7 de octubre de 1592 dictaba testamento[14] y en 28 de agosto de 1596 todavía andaba debiendo 30.917 maravedís a un Alonso Rodríguez[15]. Quizás quien llevó la voz cantante en un primer momento fue Torquemada, por eso tenía al morir el libro de cuentas de las obras del hospital, pero no cabe dudad de que a partir de su desaparición es Alonso de Portillo quien asume la carga de mantener el hospital. Por un testamento de 30 de noviembre de 1547, en el que mandaba ser enterrado en cualquier parte que quisiesen sus testamentarios[16], sabemos que era hijo del mercader Pedro de Portillo y de Isabel López., con casa en la Rinconada vallisoletana, y que tenía seis hermanos: tres ausentes en Indias, Melchor, Pedro y Antonio, Gaspar, mercader en Medina del Campo; fray Bernardo, franciscano; y Catalina, casada con el licenciado Maldonado, cirujano. Su vinculación con el hospital de los Santos, como se ha apuntado en la nota número 3, parece antigua e íntima, por cuanto en un codicilo de 16 de abril de 1550 manda a dicho asilo dos libros, un Passio duorum y unas Horas, “para servicio de los pobres de él”[17]; sin embargo, a partir de 1552 su dedicación al de la Resurrección es total, como lo demuestra su testamento, otorgado el 8 de diciembre de 1575[18]: “yten mando que cuando Dios “yten mando que cuando Dios nuestro señor fuere servido de me llevar de esta presente vida, que mi cuerpo sea sepultado en el hospital de la Resurrección de esta dicha villa donde yo he estado y estoy al presente, o en señor San Francisco de esta dicha villa, en la sepultura de mis padres”. El nuevo hospital para las bubas se convirtió en su ojo derecho y en su heredero universal, por eso se han conservado noticias de uno de sus tres hermanos ausentes en Indias, de Pedro de Portillo, cura de Moyobamba. Alonso era heredero de Pedro – “yten digo y declaro que a mi hermano Pedro de Portillo le robó un capitán del rey más de diez mil pesos de oro y un portugués [Custodio Hernández] que fue testamentario del dicho mi hermano asimismo le robó y se alzó en la mar con mucha hacienda que tenía, de lo cual hay provisiones de su majestad para los prender y la escritura de testamento que el dicho mi hermano hizo por donde me dejaba por su heredero está en mi arca”[19] - y el hospital heredero de Alonso, por ello en el actual archivo del hospital se encuentran unos papeles extraordinarios – porque nadie imaginaría hallarlos allí – que ligan intimamente al establecimiento vallisoletano y a un natural de Valladolid con la aventura del descubrimiento de El Dorado. Lo información esencial sobre Pedro de Portillo y su participación en la aventura del Amazonas está recogida en la Relación verdadera de todo lo sucedido en la jornada de Omagua y Dorado[20]: “Todo este tiempo anduvo Pedro de Orsúa por el Pirú sin volver a su astillero, buscando gente y dineros para se acabar de aviar; y entre algunas personas le prestaron unos a mil y otros a dos mil pesos, y otros más y menos, con algunas deudas y falta de cosas necesarias que le daban pena; y echando cada día gente por delante, y despachando negocios, a cabo de año y medio, o poco menos, vino a un pueblo que llaman Moyo Bamba, y había allí un clérigo, llamado Portillo que era cura y vicario; el cual pueblo de Moyo Bamba está cerca de su astillero. Este clérigo estaba rico, y tratando y conversando con Pedro de Orsúa, según se entendió, le dijo que se hiciese de suerte que él fuese cura y vicario de la dicha jornada, y que él le prestaría dos mil pesos, y el Gobernador le prometió lo que pedía; y teniendo por cierto los dos mil pesos, envió a comprar algunas cosas, y al tiempo de pagarlas el clérigo se arrepintió de lo que había dicho primero a Pedro de Orsúa y no quiso dar los dineros; y visto por el Gobernador, movido de extrema necesidad, buscó manera cómo se los sacase, y entre él y ciertos soldados suyos concertaron lo que diré. Estaba un D. Juan de Vargas, soldado de dicho Gobernador, a quien después hizo su Teniente general, herido de una o dos cuchilladas y retraído en la iglesia de dicho pueblo, el cual, con D. Fernando de Guzmán y con Juan Alonso de la Bandera y un Pero Alonso Casco y otro Pedro de Miranda, mulato, por concierto hecho con el Gobernador, el Pedro de Miranda, una noche muy oscura, a media noche, desnudo, en camisa, fue en casa del dicho clérigo, y llamando a la puerta a muy gran priesa con grandes golpes, fingiendo alteración, le dijo que el D. Juan Vargas se estaba muriendo, que le rogaba por amor de Dios que le fuese a confesar; y el clérigo le creyó y salió de su casa medio desnudo a mucha priesa, y llegando a la iglesia, que está fuera de la conversación de las casas del pueblo, los soldados arriba dichos, con arcabuces y las mechas encendidas, le tomaron en medio dentro de la iglesia y con temor que le matasen, le hicieron firmar un libramiento de dos mil pesos, que ellos traían hecho, para un mercader en cuyo poder el clérigo tenía los dineros, y ansí desnudo como estaba, sin le dejar volver a su casa ni hablar con nadie, lo hicieron subir en un caballo, y aquella noche, contra su voluntad, lo llevaron a los Motilones y allí le hicieron dar lo demás todo que le quedaba, que serían otros tres mil pesos. Había, según fama, hurtado este clérigo estos dioneros a sí propio y a su comer y vestir, tratando mal y laceradamente su persona por los ahorrar, a así, permitió Dios se perdeiesen los dineros, y el clérigo murió en la jornada laceradamente”.    Dicha información es enriquecida por una carta del portugués Custodio Hernández, alférez[21] y quien degolló a Lope de Aguirre ‘el tirano’[22], fechada en 1 de enero de 1563, que se conserva en el Archivo del hospital y que dice así:  “Carta de Custodio Hernández al padre Portillo. Mucho quisiera poder estar en parte donde pudiera dar razón a vuesa merced de lo que me fue dado y encargado pero a falta de lo que digo y mi posibilidad ser también muy poca, diré a vuesa merced y en esta todo lo que pasa y con verdad y es que vuesa merced ya habrá entendido como de Perú salió Pedro de Ursúa por gobernador en demanda de El Dorado y por otro nombre el río de las Amazonas y la primera vez que el gobernador Pedro de Ursúa salió de Lima para hacer el armada, digo navíos, y el demás aderezo para el río abajo, pasó por un pueblo que se dice Moyobamba, este pueblo está entre Chachapoyas y Motilones y en este Moyobamba residía el padre Pedro de Portillo y la primera vez que por allí pasó el gobernador como hemos dicho tomó amistad con el padre Pedro de Portillo en manera que le prestó mil y quinientos pesos y también le dio la palabra que se iría con él el río abajo y así recibidos los mil y quinientos pesos el gobernador da la vuelta a Lima y en entretanto no faltaron amigos que le avisaron que no fuese allá y ya que había dado los mil y quinientos pesos que no diese más, de esto pareció muy bien al padre Portillo y así ya se le había quitado el propósito que tenía de ir con el gobernador y de los mil y quinientos peses que le tenía dados tenía ya hecha obligación y en su poder. El gobernador Pedro de Ursúa volvió de Lima y con necesidad de dineros y llegó a Moyobamba adonde estaba el padre Portillo por cura y vicario y hablole y apercibiole que se aderezase para el río abajo, el padre Portillo dijo que su merced le perdonase porque él estaba enfermo y no podía ir con él y que su merced se sirviese de los dineros que había dado y que le perdonase. El gobernador esperó y disimulolo y así procuró de echar rogadores pero nunca aprovechó y viendo el gobernador esto que no aprovechaba nada ordenó. Que apercibe cuatro soldados en sus caballos y con otro caballo de diestro y pónense en cierta parte del pueblo de Moyobamba y uno de aquellos soldados vase a media noche a casa del padre Portillo y llama a la puerta y dice que vaya a confesar a un soldado que estaba herido que había dos días que le habían herido y creyéndolo levántase presto con una ropa y va con aquel adonde estaban los otros y en llegando sin más ni más súbenle en el caballo y hácenle ir adonde estaba el gobernador que estaba de allí quince leguas. El gobernador le recibió muy bien y le hizo grandes promesas y le prometió que si descubría lo que iba a buscar que había de ser parte con su majestad para que fuese obispo de aquella tierra y que a su hija la casaría muy bien y a su hijo daría de comer en manera que hizo lo que Pedro de Ursúa quiso y diole para que acabase de aderezar el armada cuatro mil y quinientos y sesenta y tantos pesos y de estos le hizo otra obligación = aquí la manera como le metió en la jornada. El padre Portillo se embarcó enfermo y los regalos que había metido se le habían acabado y su enfermedad fue de tal manera que una vez que se echó en la cama no pudo más levantarse y en este comedio álzase don Rodrigo de Guzmán y Lope de Aguirre y matan al Pedro de Ursúa y así quedamos sin gobernador y cada uno procuraba de contentar a estos matadores que fueron doce, finalmente que a él le dio el mal de la muerte y envíame a llamar a mi posada, porque habíamos sido amigos, y me rogó y mandó que yo fuese su albacea y para poder serlo pedí licencia al tirano Lope de Aguirre y así se hizo el testamento con un escribano de Lope de Aguirre, aunque primero lo era del gobernador, y así nunca pude sacar el testamento de su mano y el padre fue Dios servido de llevarle de esta vida. Lo que él mandó en su testamento es lo siguiente: al muchacho mestizo quinientos pesos en plata, a la muchacha mestiza mil y quinientos y manda que si algunos de ellos muriere o ambos murieren que lo haya todo vuesa merced. Y manda que habidos que haya vuesa merced estos dineros mande hacer una capilla en San Salvador y en ese pueblo de Valladolid y que vuesa merced sea el capellán y mayordomo de ella. Y manda que el más dinero que sobrare vuesa merced lo herede y la señora su hermana Bernardina de Portillo y tanto haya vuesa merced como ella y ella como vuesa merced y que no lleve más el uno que el otro sino iguales. Y si cualquiera de vuesas mercedes falleciere lo herede el otro y el que quedare vivo tenga cargo de hacer la capilla. También mandó decir setenta misas, las treinta por él y las treinta por lo que es a cargo y las diez por la madre de los muchachos. A tales muchachos fue Dios servido que antes que pasase un mes se murieron ambos de que siento reciba pena y por otro cabo me parece que no pudieran escapar según tuvimos de hambre. Lo que el padre Pedro de Portillo me dejó es lo siguiente: primeramente las dos escrituras contra Pedro de Ursúa de seis mil y setenta y tantos pesos, estas escrituras me quitó Lope de Aguirre tirano y las dio a la justicia de la Margarita, las cuales están en poder del mayordomo de la iglesia de aquel pueblo. Dejome un ornamento con cáliz de plata y patena, la casulla de terciopelo carmesí con su cenefa de terciopelo verde y el alba con su cenefa de tafetán pardo, también me lo quitó Lope de Aguirre y lo dejó allí a la iglesia de la Margarita; y ampolleta de plata. También me dejó dos copas de plata. Un jarro de plata. Siete cucharas de plata. Catorce copas de plata pequeñitas y grandes. Un salero de plata. Cuatro manillas de oro. Tres piezas de chapitas de plata. Una taza de plata. Cinco bonetes, cuatro no más. Unas crismeras de plata. La cual parte de esta plata me quitó Lope de Aguirre para lo que quiso y parte de ella he dicho de misas y de ella me fue forzado gastar en comer en la mar y también para vestir porque venía desnudo, ropa de su vestir toda se pudrió y así mismo la de los soldados y el ornamento si yo no mirara también se pudriera. Así que señor esto es lo que pasa al pie de la letra y si vuesa merced quisiere informarse ahí en ese pueblo está un hijo de Juan Fernández que se dice Bautista de Paredes y tiene otro hermano que se dice Agustín de Paredes, naturales de ahí, él dirá a vuesa merced al pie de la letra sin discrepar punto, también saque vuesa merced por testimonio como me vieron usar del albaceazgo, en Madrid hay también tres soldados que son don Gonzalo de Zúñiga y Juan de Valladares, piloto, y Pero Alonso Galeas, estos hallará en la cárcel de Corte o en Consejo de Indias, también saben todo el negocio, los testigos del testamento están en Indias y el testamento como era de escribano falsario no lo quiso dar por que no le echasen mano y díjome que se había perdido en el río con otros papeles. Lo que resta ahora es que yo fui a Madrid a pedir de comer y afearon tanto este negocio de Lope de Aguirre que me fue forzado salir y estando allí vino un primo hermano del gobernador Pedro de Ursúa a saber qué bienes había dejado y en la cual plática le sonsaqué que en esta Contratación de Sevilla tenía embarazados tres mil pesos, estos sabemos que envió un año antes que entrase en el río el gobernador, también hay cinco esclavos carpinteros y aserradores, estos están en Santo Domingo; también hay en la Margarita una capa de grana y algunas piezas de plata, esto es lo que tiene Pedro de Ursúa. Ahora vea vuesa merced lo que le parezca porque el testamento no lo podemos haber y hable vuesa merced con cualquiera de estos hombres que ellos dirán lo que pasa, en Madrid no sé esperar a vuesa merced porque mi pobreza es grande y el miedo a la justicia mayor y porque entiendo que ya soy largo no diré en esta más, que Nuestro Señor la magnífica y muy reverenda persona de vuesa merced guarde y de gracia para cobrar estos dineros pues que son para tan buena obra, a la señora Bernaldina de Portillo beso las manso de su merced; hecha en esta ciudad de Sevilla a primero de enero año de 1563. Beso las manos de vuesa merced, su servidor, Custodio Hernández”[23]. La carta de Hernández desencadenó una investigación[24], que nos ofrece datos interesantes sobre Pedro en el interrogario:
  1. “primeramente si conocen a mi el dicho Alonso de Portillo y si conocieron al dicho Pedro de Portillo ya difunto y si conocieron a Pedro de Portillo y a Beatriz López su legítima mujer, padre y madre de mi el dicho Alonso de Portillo y Pedro de Portillo mi hermano y si conocieron al dicho Pedro de Orsúa y al dicho Pedro (sic) de Aguirre y al dicho Custodio Hernández y sis tienen noticia de los bienes y hacienda, joyas y piezas de plata y otros arreos y alhajas que el dicho Pedro de Portillo dejó al tiempo de su fin y muerte.
  2. Yten si saben que el dicho Pedro de Portillo y la dicha Beatriz López su mujer fueron casados y velados según orden de la santa madre iglesia y vecinos de esta villa de Valladolid y durante entre ellos el matrimonio hubieron y procrearon por sus hijos legítimos a mi el dicho Alonso de Portillo y al dicho Pedro…
  3. Y si saben que estando el dicho Pedro de Portillo por rector y cura del dicho lugar de Moyobamba de las provincias del Perú pasando por el dicho lugar el dicho Pedro de Orsúa a cierto descubrimiento por engaño y fuerza hizo y compelió al dicho Pedro de Portillo que le prestase una mez mil y quinientos pesos de oro por los cuales habiéndolos recibido de él le hizo escritura pública de obligación para se los pagar…
  4. Y si saben que dende a poco tiempo que pasó lo contenido en la pregunta antes de esta, volviendo otra vez al dicho descubrimiento el dicho Pedro de Ursua por el dicho pueblo de Moyobamba donde estaba el dicho Pedro de Portillo, con engaño y fuerza una noche le hizo sacar de su casa y llevar muchas leguas sde allí a un lugar donde estaba el dicho Pedro de Ursúa y habiéndole traído adonde como dicho es estaba, enfermo y mal dispuesto, por malas mañas y cautelas y violencias que con él tuvo y usó le hizo que le diese como le dio prestado cuatro mil y quinientos y setenta y tantos pesos de oro de más y allende de los mil y quinientos declarados…
  5. Y si saben que estando en poder del dicho Pedro de Ursúa el dicho Pedro de Portillo murió y pasó de esta presente vida, el cual antes que muriese hizo y ordenó su testamento en forma ante escribano y testigos por el cual dejaba por heredero al dicho Alonso de Portillo clérigo su hermano…
  6. Y si saben que por el dicho su testamento el dicho Pedro de Portillo dejó por testamentario al dicho Custodio Hernández, el cual después de muerto el dicho Pedro de Portillo como tal testamentario suyo entró y ocupó mucha parte de sus bienes en que había muchas y muy buenas piezas de plata y oro y alhajas y preseas de mucho valor…
  7. Y si saben que al tiempo y sazón que el dicho Pedro de Portillo murió un Lope de Aguirre como hombre poderoso y que hacía lo que quería a la sazón que el dicho Pedro de Portillo murió, porque ya era muerto el dicho Pedro de Ursúa, por fuerza y violencia se entregó y tomó parte de los bienes que quedaron del dicho Pedro de Portillo de más de lo cual se apoderó de las dichas dos escrituras y obligaciones que el dicho Pedro de Ursúa tenía hechas…
  8. Y si saben que al tiempo y sazón que murió el dicho Pedro de Portillo no tenía ni dejó vivos a los dichos Pedro de Portillo y Beatriz López sus padres ni alguno de ellos ni a otro alguno ascendiente por que podrá haber que murió como dos años poco más o menos y los dichos sus padres ha que murieron el que menos más de diez años y si saben asimismo que tampoco dejó descendientes legítimos ni naturales…”.    También lo son los de uno de los testimonios, el de Juan Bautista de Paredes, por haberse encontrado en el teatro de los acontecimientos: “El dicho Juan Bautista de Paredes[25], vecino de esta villa de Valladolid, testigo presentado por el dicho Alonso de Portillo…
  1. A la primera pregunta del dicho interrogatorio dijo que conoce de vista y habla y trato al dicho Alonso de Portillo contenido en la pregunta de algunos años a esta parte y conoció a Pedro de Portillo clérigo de misa al cual conoció por tiempo de más de tres años y le conoció en la provincia del Perú en un pueblo que se nombra Moyobamba y conoció a Pedro de Ursúa, el cual era navarro, y le conoció en la ciudad de Los Reyes que es en el Perú por tiempo de más de dos años y asimismo conoció a Lope de Aguirre y a Custodio Hernández que dice la pregunta, a los cuales conoció en las provincias del Perú por tiempo de dos años poco más o menos…
  2. A la segunda pregunta del dicho interrogatorio dijo que lo que sabe de la dicha pregunta que estando en la provincia del Perú este testigó trató con Pedro de Portillo como hombre que era de España e hijo de vecino de Valladolid como este dicho testigo y el susodicho dijo que el dicho Alonso de Portillo clérigo era su hermano…
  3. A la tercera pregunta del dicho interrogatorio dijo que lo que sabe de la dicha pregunta es que podrá haber tres años poco más o menos que estando este testigo en las provincias del Perú en el lugar de Moyobamba, a la sazón estaba y residía en el dicho lugar por cura de la iglesia de él el dicho Pedro de Portillo contenido en la pregunta y le trataba y conversaba este testigo como persona que era hijo de vecino de Valladolid  y a la dicha sazón vio este testigo como por el dicho lugar de Moyobamba el dicho pedro de Ursúa contenido en la dicha pregunta que pasaba a cierto descubrimiento de Indias para hacia la provincia de los motilones y el dicho Pedro de Portillo estando allí el dicho Pedro de Ursúa dijo a este testigo que por fuerza y por amistad había prestado al susodicho mil y quinientos pesos de oro y que de ellos le había hecho escritura de obligación… y demás de esto el dicho Pedro de Portillo dijo a este testigo que pensaba y tenía entendido se iría dicho pedro de Ursúa al dicho descubrimiento…
  4. A la cuarta pregunta del dicho interrogatorio dijo este testigo que lo que sabe de ella es que después que pasó lo contenido en la pregunta antes de esta dende algunos días estando este testigo en el dicho lugar de moyobamba tornó a salir tornó a ver allí al dicho Pedro de Ursúa y en esta sazón oyó decir este testigo por público y notorio a muchos vecinos del dicho lugar, que de sus nombres al presente no tiene noticia… decían y era público y notorio allí a la sazón que el dicho Pedro de Ursúa una noche a media noche había enviado por engaño a llamar al dicho Pedro de Portillo diciendo que un soldado que se llamaba don Juan de Vargas Salmerón estaba muy malo, que le fuese a confesar, y el dicho Pedro de Portillo había ido y que teniéndole en su casa le había entregado forzosamente a ciertos soldados y le habían llevado a la provincia de los motilones contra su voluntad y que el dicho Pedro de Ursúa le había hecho muchas ofertas hasta tanto que el dicho Pedro de Portillo le había prestado por fuerza y temor que no le quería dejar venir a su casa y viendo que lo quería llevar al dicho descubrimiento por fuerza le prestó los dichos cuatro mil y tantos pesos…
  5. “A las cinco preguntas del dicho interrogatorio dijo este testigo que lo que sabe de ella es que después de todo lo contenido en las preguntas antes de esta, dende a un año y medio poco más o menos estando este testigo en la isla de Santo Domingo vio que estaban allí a la sazón presos unos soldados del Perú que eran de los soldados que habían pasado con el dicho Pedro de Ursúa y el uno de ellos se llamaba Custodio Hernández y otros que no se acuerda de sus nombres, los cuales dijeron a este testigo que el dicho Pedro de Portillo había fallecido de enfermedad en poder del dicho Pedro de Ursúa y que ellos le habían visto morir y habían visto que había otorgado testamento en forma y que el dicho Custodio Hernández era su testamentario y el susodicho lo confesó a este dicho testigo por muchas veces”[26].             El asunto se cierra con una Real Cédula de 21 de marzo del año sobredicho de 1563:      “El Rey. Corregidores y jueces de residencia y justicias cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos y a cada uno y cualquiera de vos en vuestros lugares y jurisdicciones a quien esta mi cédula fuere mostrada, sabed que Alonso de Portillo, clérigo presbítero, me ha hecho relación que él tuvo un hermano que se llamó Pedro de Portillo... y me suplicó os mandase le prendiésedes... os mando a todos y cada uno de vos en vuestros lugares y jurisdicciones según dicho es que luego que con esta mi cédula real fuésedes requerido prendáis el cuerpo del dicho Custodio Hernández y preso con prisiones a buen recaudo... le haced entregad al alcaide de la dicha cárcel [Real]... Madrid a xxi de marzo de mil y quinientos y sesenta y tres. Yo el Rey”[27].  Y con una carta de poder de Alonso fechada en 4 de septiembre de 1570[28], cinco antes de su muerte, dando poder a Diego de Robles, contador de S.M. en la provincia de Charcas, para lo de siempre, averiguar bienes dejados por Pedro y cobrarlos: “Conocido sea a todos los que la presente carta de poder vieren como yo Alonso de Portillo, clérigo vecino de esta muy noble villa de Valladolid, dihgo que Pedro de Portillo, clérigo, mi hermano difunto que esté en gloria… salió del pueblo de Moyobamba que es en la provincia de los chachapoyas con Pedro de Orsúa que iba al descubrimiento del río del Dorado y cuando Lope de Aguirre mató al dicho Pedro de Orsúa falleció el dicho Pedro de Portillo y el dicho Lope de Aguirre le tomó un cáliz y unas vinajeras y una copa dorada y esclavos y ciertas obligaciones y otras cosas que consigo llevaba…”. Como nadie pudo encontrar herederos de Ursúa[29] ni de Lope de Aguirre que pagasen lo que estos habían quitado al cura Pedro de Portillo, el pleito quedó y sigue abierto, con lo cual, humorísticamente, podría decirse que, puesto que el hospital de la Resurrección paso a ser después el General, y le sucedió el llamado Viejo de la Facultad de Medicina y a este el actual Hospital Clínico Universitario de Valladolid; de hallarse hoy herederos de los mencionados, todavía tendrían que pagar a este útimo lo que los expedicionarios de El Dorado arrebataron con malos modos a un cura de Valladolid.


[1] Vimos la documentación que mencionamos hace muchos años en el Archivo Histórico Provincial de Valladolid (A.H.P.V.), suponemos que ahora se encuentre en el de la Diputación, por cuanto pertenecía a la sección ‘Cofradías’, concretamente a la Real Casa de Misericordia de Valladolid, cajón 1, legajo 10, distintos cuadernillos, como “Despacho sobre que habiéndose quejado diferentes dueños de casas inmediatas a la de la mancebía de las mujeres de mal vivir y mandado que sin embargo de dichas quejas se guardase lo proveído para el uso de su derecho por la cofradía de la Consolación”, “Real provisión de su majestad y señores de su Consejo despachada a pedimiento de la cofradía de la Consolación de esta ciudad para que se recojan las mujeres mundanas o públicas a las casas de la mancebía. Despachada en el año de 1512”, etc.
[2] Fue el mayordomo de la casa en 1537, tras firmar la correspondiente escritura de obligación, que se encuentra en el A.H.P.V., protocolos, leg. 85, fo. 1.112.
[3] ¿O se referirá a que antes de llegar al de la Resurrección llevaba ya nueve años trabajando en el de los Santos?. Los veinticinco años serían la suma de los anteriores – puesto que el de los Santos se traslada al de la Resurrección - más diez y seis en el de la puerta del Campo.
[4] A.H.P.V., protocolos, leg. 461, fo. 64.
[5] Antolínez de Burgos, J. Historia de Valladolid. Valladolid: Grupo Pinciano, 1987; p. 385.
[6] Canesi Acevedo, M. Historia de Valladolid. Vol. II, Valladolid: Grupo Pinciano, 1996; p. 201.
[7] A.H.P.V., protocolos, leg. 128, fo. 1.077.
[8] A.H.P.V., protocolos, leg. 307, fo. 16.
[9] A.H.P.V., protocolos, leg. 154, fo. 431.
[10] A.H.P.V., protocolos, leg. 303, fo. 472.
[11] A.H.P.V., protocolos, leg. 66, fo. 4.405.
[12] A.H.P.V., protocolos, leg. 1.030, fo. 104.
[13] A.H.P.V., protocolos, leg. 237, fo. 382.
[14] A.H.P.V., protocolos, leg. 650, fo. 1.526.
[15] A.H.P.V., protocolos, leg. 1.175, fo. 257.
[16] Testamento en A.H.P.V., protocolos, leg. 119, fo. 907v.
[17] A.H.P.V., protocolos, leg. 123, fo. 372.
[18] A.H.P.V., Resurrección, 2, “Testamento otorgado por Alonso de Portillo, administrador que fue de este hospital, por el cual dejó por heredero a este, como también de los efectos que le había cedido Bernardina de Portillo su hermana, con pago de algunas deudas”.
[19] Cláusula del testamento de Alonso de Portillo mencionado arriba.
[20] Utilizamos la copia contenida en La Aventura del Amazonas. Ed. Rafael Díaz. Crónicas de América, 19. Madrid: Historia 16, 1986; pp. 105-6.
[21]Ibidem, p. 200, “Los capitanes y oficiales que al presente llevo, y prometen de morir en esta demanda, como hombres lastimados, son… Custodio Hernández, alférez, portugués”.
[22]Ibidem, p. 219, “Muerto, pues, el perverso tirano, le fue cortada la cabeza por uno de sus marañones y no poco culpado, llamado Custodio Hernández”.
[23] A.H.P.V., Resurrección. 51.
[24] A.H.P.V., Resurrección, 14, “Testimonio de unos autos obrados de instancia de Alonso Portillo rector de este real hospital en averiguación de que Pedro Portillo clérigo rector que fue en la villa de Moyabamba en el reino del Perú era su hermano legítimo del dicho Alonso y de cómo Pedro de Orsúa gobernador en aquellas partes por fuerza y contra su voluntad le tomó siete mil pesos de oro…”.
[25] En las preguntas generales dijo ser de edad de treinta años.
[26] A.H.P.V., Resurrección, 6.
[27] A.H.P.V., Resurrección, 6.
[28] A.H.P.V., protocolos, leg. 159, 4 IX 1570.  
[29] En el testamento de Lope Montalvo de Lugo, de 29 de febrero de 1556, A.H.P.V, protocolos, leg. 135, fo. 765v; aparece Ursúa: “Yten mando que cobren de Miguel Díaz de Armendáriz y Pedro de Orsúa, estantes en el dicho Nuevo Reino de Granada todos los maravedís que me deben y son obligados a pagar por viurtud de dos cartas ejecutorias de su majestad que contra ellos tengo…”.