Artículos publicados en El Norte de Castilla desde 1995. II

NORTE DE CASTILLA II ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ‘EL NORTE DE CASTILLA’, DESDE 1995. www.anastasiorojo.com Agua y solidaridad. Anastasio Rojo Vega.             Como heredero de una cultura agraria, eché los dientes escuchando, como gran verdad, axioma absoluto, que lo más importante del mundo es la tierra, la agricultura, porque de otras cosas podrá pasarse el hombre, pero de comer no.             Han andado enzarzados estos días los presidentes de las Juntas, o Comunidades, de Castilla La Mancha y Murcia por temas relacionados con ambas. Al parece hay una parte que se resiste a  cumplir el viejo dicho de Agua que no has de beber, déjala correr. Los de la Murcia quieren que corra hasta ellos, aguas bajo; los de La Mancha no. Los de Murcia aseguran que están dispuestos a pagarla, que, de hecho, ya la están pagando; los de La Mancha que pueden quedarse con su dinero, que ellos no venden. Una contestación a lo doncella honrada enfrentada al señorito. Los de Murcia advirtiendo que no saben la que se puede preparar, que sin agua corren peligro miles de puestos de trabajo y miles de milones en exportaciones. Los de La Mancha, que la caridad bien entendida comienza por uno mismo.             Esta sequía y estos calores anticuados, como de castigo divino antiguo, quizás nos hagan comprender el valor que tiene el líquido elemento; cruzada a la que parece estar entregadada en alma y cuerpo la ministra Narbona. Un valor que por aquí, confesémoslo, nunca hemos considerado. El que comprendí por primera vez, no hace muchos años, acompañando a un judío sefardita de la Universidad de Tel Aviv por los pueblos del páramo, empeñado como estaba en que su familia había vivido, antes de la expulsión, en uno de ellos. Pasando por uno de los vallejos de la zona de Torrelobatón, exclamó: ¡Qué riqueza! ¡Cuánta agua!.             Me dejó bastante perplejo. ¿Cuánta agua? ¿Aquel mísero regato?. Me di cuenta de que mi visión de castellano viejo y la suya de israelita de tierras medio desérticas no coincidía. Yo no veía más que lo evidente, lo miserable que resultaba el hilillo de agua del momento; él veía la suma de agua que se podría acumular con él, aunque fuese gota a gota, al cabo de un año.             No tenemos cultura del agua porque no somos herederos de constructores, como los chinos lo son de sus antepasados que levantaron la muralla china, sino de los elementos en completa libertad: tierra, aire, agua y fuego; cárcavas, valles, páramos y rasos. Agua que no has de beber, déjala correr.             De manera que estamos llenos de una riqueza que no sabemos leer. Borrachos de agua cuando no sirve para nada, cuando no hace falta, cuando llueve a mares y las carreteras y las calles se inundan y el viandante mira a lo alto maldiciendo los temporales, y faltos cuando llega la canícula o no llueve. ¿Sequía?. A sacar a San Isidro. ¡Tú que tienes mano en estas cosas, permite que no nos falte para beber!.              Hemos despreciado el agua porque como llegaba desde arriba, regalada, no era de nadie, porque siendo de nadie era de todos y de ninguno.             Era de todos, porque estan llegando tiempos por el camino de ya no lo ser. Los de La Mancha han surgido como personajes de una novela fantástica, habitantes de tierras míticas e inexploradas, y han dicho que ellos son los guardianes de las fuentes. Que si tan precisa es, algo debe valer.             Se pide agua por solidaridad y porque, de no haberla, se perderán miles de millones de euros en producción. ¿Miles de millones?. Bien. ¿No pagan por el gas-oil los que utilizan los riegos por aspersión? ¿Alguno de ellos ha solicitado la solidaridad de los árabes para que den petroleo gratis, o a bajo costo, y no se pierdan puestos de trabajo?. Y, si se mira, tan gratuitamente les ha llegado a ellos el petroleo como a los de las tierras altas los nacimientos de los ríos. Santa Rita, Rita. Cada uno saca lo que puede de lo que da el clima y el terreno, unos cebollas y otros humedades.             Hay que ponerse en la piel de un habitante de las estepas altas y mirar alrededor. ¿Qué riquezas palpables y notorias tiene? Una red de arroyejos en su mayor parte ridículos ¿Qué otra?. Son árabes a su modo ¿Qué otra cosa tienen hay en los desiertos más que petróleo?.             Murcia necesita agua para sacar adelante las cosechas de tomates y Alicante la pide, por poner un ejemplo que siempre resulta odioso, para regar campos de golf, porque dicen que da más divisas – a sus propietarios – un campo de golf que cien hectáreas de cebada. Madrid, otro ejemplo, necesita cantidades ingentes de agua para su abastecimiento. Miles de millones de euros dependen del agua en una y otra parte. Entonces ¿No deberían invertir algo de sus dividendos en las fuentes de su riqueza? ¿No deberían acudir a crear infraestructuras de recogida y reparto de agua en las tierras altas?. Si se recoge poco, habrá poco para todos. Para estar seguros de que te den, hay que invertir y poner medios para que sobre.               ¿El agua es riqueza? Las riquezas ¿no se guardan y atesoran – ahorran - en tiempos de abundancia para cuando vengan mal dadas?. No grandes presas clásicas, costosísimas, sino reservorios al estilo mediterráneo, estanques cooperativos, comarcales, municipales allí donde existe una ‘fuentona’. Donde existía, porque en los últimos años, con el riego por aspersión y la bajada del nivel freático, casi todas los manantiales tradicionales se han secado.             Aunque quizás vuelvan a regenerarse con la que está por venirnos de Europa. Más valdría gastarse el dinero en pequeñas obras de este tipo que en fuentes luminosas, cibernéticas, en las plazas de los pueblos y en senderos turísticos. Con el precio a que se está poniendo el gas-oil, con el precio a que se va a poner la remolacha, con la pérdida de las ayudas de la PAC ¿Qué utilidad tendrán los senderos? Porque el turismo es cosa de ricos y de sobrados ¿Se hacen para que los de los pueblos – caso que Dios quiera nunca llegue a ocurrir – cuando no tengan ya ni para gasolina se vengan andando a las ciudades a burcas trabajo?. De hacer coches no, no andan muy bien ¿La construcción? ¿Y quién va a comprar pisos si no se venden coches ni se puede plantar remolacha?. Cebada no, leche no, remolacha tampoco. Hoy por hoy, bien gobernada, el agua es una de las principales riquezas brutas que nos queda, por sí misma o por lo que podría abaratar la agricultura con métodos de riego por ahorro y gravedad, en vez de la dominante de gasoil y aspersión.     Inventores en Renedo. Anastasio Rojo Vega.             La agricultura es la madre de la civilización. En principio es cosa sencilla y para desarrollarla bastan una especie botánica que se desarrolle y reproduzca bien a partir de semillas, tierra, agua y clima propicio. Castilla es una región eminentemente agrícola, como hemos escuchado desde la infancia, situada entre norte y sur. Celtíberos surgidos de la fusión amorosa de celtas y íberos, según la enciclopedia Álvarez. Desde nuestro particular balcón contemplamos los valles sureños de clima maravilloso, capaces de producir hasta lo que falta por inventar, pero sedientos y mirando siempre al cielo en espera del maná de la lluvia. Y si miramos a nuestros padres celtas vemos las limitaciones que les impone el clima continental, las nieves y escarchas del largo invierno, que además ciñe la producción a unas pocas especies en comparación con los afortunados mediterráneos. Aquí estamos nosotros, agrícolas de nación y vocación, reuniendo características de los unos y los otros, solo que hemos salido al padre y a la madre en lo feo. También es casualidad, hombre, que el suelo sea ramplón y pedregoso comparado con las profundas tierras negras que forman la mayor parte de Europa central y que hayamos salido a él en el clima, con heladas que se prolongan hasta los límites de las ahora sí heladas negras - las que surgen a última hora sin hielo ni escarcha, las que no dejan huellas como asesinos del crimen perfecto, mañanas limpias, soleadas y traidores que matan la fruta a medio hacer - y del hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo. Estamos limitados por el clima a una estación agrícola corta.             Y luego hemos heredado de la madre la ausencia de lluvias regulares y abundantes. Bien, ya hemos superado los fríos, la tierra no es muy buena pero podemos cargarla de abonos. Ya tenemos semillas, tierra y agua. ¿Agua?, ¿Dónde está el agua?. Justo cuando hace buen tiempo deja de llover. Aguas del cielo garantizadas en las procesiones de Semana Santa y en las fiestas de San Mateo y pare usted de contar. Yo no sé si con lo de cambiar la fecha de las ferias vamos a quitarles a las nubes  la tentación de llover a destiempo.  Si no hay casetas ¿Para qué llover?, ¿A quién van a fastidiar?. Lo dice un albañil de pueblo amigo mío, que el método infalible para hacer que llueva es contratarle para arreglar un tejado.             Agua hay, aunque encorsetada y mal repartida, agua embotellada de Pisuerga, Duero y los pantanos. Nos falta el agua a granel de Alemania e Inglaterra, el agua para todos. Las narices chatas de la madre y las orejas de soplillo del padre son lo que hemos sacado. Resultado: agricultura de secano.             El ánimo, que es el motorcillo de la vida que nos diferencia de los demás, que hace a unos siniestros y a otros alegres, que cuando estamos tristes se encoge y duele en la boca del estómago, se ensancha a la orilla de las aguas rientes - que me perdonen los poetas - y si no que se lo pregunten a los constructores árabes de los palacios andalusíes. Mirar el fuego y ver correr el agua. El agua como arte de señores y urbanitas y como sangre y alma de trigos, patatas y remolachas. ¿Qué daríamos por ser señores de las aguas y usar de ellas a nuestro antojo?.             Lucha por la domesticación de las aguas que hizo que en Valladolid un general de marina llamado Pedro de Zubiaurre construyese un ingenio para elevar agua del Pisuerga con que regar los jardines y bosques de caza del palacio de la Huerta del Rey- el saliente con boina a la salida de las aguas del Canal de Castilla -. Intento húmedo de Jordán de Meceta de construir entre nosotros, en 1542, un mecanismo similar al artificio de Juanelo Turriano de Toledo. Molinos modificados para aprovechar al máximo la escasez, como los que ha estudiado García Tapia. El agua como fuente de inspiración y meta inalcanzable, páramos poblados de nogales y manzanos, laderas hechas pasto de ganado mayor, pinares de repoblación de hace cuarenta y tantos años con pinos de verdad y no muestrarios de bonsáis entre margas y espejuelos. Sueños castellanos.                       Como el de Antonio de la Vega Ibáñez, Bartholomé Morphy - ¿Un inglés como el de la famosa ley de Murphy? - y Lorenzo Álvarez en 14 de octubre de 1758, “tienen tratado los tres de construir de idea una nueva invención o artificio con que facilitar sacar y ascender el agua muerta de cualquier pozo, noria o estanque, en que la haya, sin intervención de persona, caballería ni impulso que el de la misma máquina”.             ¡Malditos sean los documentos que nos dejan a medias, engendros de la historia interrupta!. Los de Renedo fueron al notario a dejar claras las condiciones de explotación de la maravilla y no dan noticia del intríngulis y del busilis del artefacto. “Construido y acabado y conseguido el fin de ascender el agua, el artificio o máquina que intentan los otorgantes, estos por sí, o por alguno de los tres, ha de pasara a la Corte y villa de Madrid o Real Sitio donde el rey nuestro señor (Dios le guarde) viviere o residiere y manifestar a su Real Persona la nueva idea”.             Cuento de la lechera, oro y mujeres, porque la salud no se deja comprar. Epatar al afrancesado monarca y “construirla en todas las ciudades, villas, lugares, despoblados y demás sitios donde convenga”. Castilla manando aguas cristalinas de las profundidades como leche y miel la Tierra Prometida. Renedo hecha una nueva Canaán. Ciencia puntera de la época por estos pagos. Antonio de la Vega se comprometió a presentar el engendro a los miembros del santo tribunal de la Inquisición, no fueran a pensar que andaban jugando con magias o algo así, mientras los otros dos se ocuparían de las justicias ordinarias, menos dadas a juntar demonios con novedades, sobre todo en los tardíos tiempos que corrían.             ¿Qué inventaron ustedes los de Renedo, señores míos?, ¿Por qué no nos han dejado una mínima pista acerca del principio energético de la cosa?. ¡Mira que si fuese una máquina de vapor!. Manías de ahorrar el chocolate del loro. ¿Qué les hubiese costado pagar entre los tres una página explicativa más o meter en el protocolo un esquemita del artilugio?. Renedo: agua, prosperidad, inventores, sí, pero ¿De qué?.    Aguas de Mayo. Anastasio Rojo Vega.             A perro flaco todo son pulgas y con la sequía que veníamos arrastrando hemos estado a punto de criarlas como gorriones. A falta de agua, habría sido la guinda precisa para hacer rebosar el vaso de esta nuestra crisis. Castilla es tierra, mucha tierra, ancha es Castilla y cerealista, por más que rechinen a la estética moderna la falta de árboles y la desertitud de los rastrojos polvorientos tras la cosecha.             Pero el responsable de tan áspero paisaje es fundamental para nuestra economía en los tiempos que corren. El cereal se paga cada vez más caro y es a su manera, en su modestia, nuestro equivalente del petróleo, oro rubio. Es que, según dicen, a los chinos les ha dado por comer carne siempre que quieren, como los occidentales, y tienen necesidad de ingentes partidas de trigos y cebadas para cebar sus famosos cerdos agridulces y patos lacados.             Sí, el cereal es el petróleo de nuestro PIB más próximo y si llueve como Dios manda, traerá un alivio a la cuenca, a las tiendas de ropa y de comestibles, y a las cuentas bancarias. Si Dios quiere, a estas primeras lluvias – en Abril aguas mil / sopla el viento achabuscado / y entre nublado y nublado / hay trozos de cielo añil - deberán seguir las de Mayo, esas para las que se acuñó la expresión feliz y esperanzadora de llegar como agua de Mayo, como dedo de Lázaro a la lengua de Epulón, porque siempre que llueve en Mayo hay buena cosecha.             Tan importantes son estas aguas de Mayo, que los de la España seca, hace algunos siglos, decidimos enviar un ministro de riegos a la central donde todo se sabe y ejecuta. Un santo cónsul de la tierra, al que, cuando se le olvida para qué esta allí – cosa típica de los políticos – se le envía desde aquí un recordatorio en forma de rogativa. Entonces él, Isidro, que sabe lo que es sufrir sequía en sus propias carnes, acude a la superioridad con la pertinente instancia en nombre de sus paisanos: Por favor, que vuelva a repetirse el anual milagro de las aguas.   Aguas salobres. Anastasio Rojo Vega.             A cada rato nos informan de que la de este año es la sequía más fuerte padecida por la península ibérica desde hace sesenta años. Para mí no es la de este año, sino la del tercer año seco consecutivo. Creía que con las grandes nevadas del invierno las cosas se habrían arreglado, pero no, los manantiales siguen empeñados en no echar ni una gota de agua. ¿Será verdad que hemos comenzado un ciclo seco? ¿Cómo las vacas gordas y las vacas flacas?. Pues aviados estamos, que según el Diccionario de la Lengua significa estar preparados para el camino pero que yo siempre he oído utilizar, desde niño, por ¡pues lo tenemos claro!, o semejante.              El domingo pasado estuve cogiendo hierbas por un arroyo del páramo que en los años generosos se engolfa en charcas y rebosaderos, un lugar donde los lirios españoles – el Iris xiphium, el habitual de color azulado es el Iris germanica y el otro frecuente, el amarillo, el Iris pseudacorus – abundan, delicados, mezclados con ranúnculos de un amarillo aporcelanado y brillante, y me llevé la alegría de ver alguna pequeña bandada de pececillos que corría a esconderse bajo las berras; quizás alevines de carpa, hace años que por allí no se veían ni ranas, será que los pueblos comienzan a poner depuradoras o que los labradores están dejando de tirar los frascos y los paquetes vacíos de herbicidas y plaguicidas a los regueros.              La vida vuelve en cuanto se la deja en paz y lo que también me está llamando la atención este año es el número de conejos, hay conejos por todas partes, en algunas, orillas del Pisuerga a la altura de Valoria la Buena, como en los viejos tiempos. También he visto un corzo, macho, a la orilla del Cega, entre Viana y Puente Duero, dejando pasar el calor del día bajo un fresno. Estoy acostumbrado a topármelos a cada paso en Valdelateja, pero en Valladolid es la primera vez en mi vida que he tenido semejante encuentro.             Y eso que falta agua. Los lirios hispanos estaban floridos pero un poco quemados, el suelo cuarteado, en quince días no quedará ni rastro del lugar que fotografié.             Falta agua porque no llueve y porque las máquinas han acabado con los antiguos labajos, poniendo todo el terreno al servicio de la remolacha y de la cebada. Aquellas lagunas someras que recogían las aguas de las lluvias de otoño y primavera donde los terrenos eran impermeables, que aparecían y desaparecían, aumentaban y se achicaban según la cuantía de las precipitaciones, han desaparecido y no por la sequía. Las hemos hecho desaparecer para obtener de sus malos suelos un poco más de cereal. En otros lugares las han convertido en pesquerías, en puntos de pesca familiar que cada fin de semana mueven un interesante turismo.              Aguas salobres y amargas que fueron objeto de explotación, en los siglos XVI y XVII, cuando funcionaban los estancos de la Administración de las Salinas de Castilla la Vieja, y a partir de mediados del siglo XIX por parte de empresas privadas.             Es un aspecto poco conocido de explotación de recursos naturales en la cuenca del Duero. Algunos negociantes solicitaron en 1852 y 1853 concesiones de explotación de labajos en términos de Gomeznarro, San Vicente del Palacio, Medina del Campo, Olmedo, Aldeamayor, Laguna de Duero y Nava, pero se encontraron con la oposición de los dueños de los terrenos, quienes por sentencia de 1861 consiguieron ver anulados los permisos.             Sin embargo en 1870 la sal pasó del monopolio del Estado, como lo había sido hasta entonces, al comercio libre y nuevamente surgieron empresarios que barruntaron posibilidades de negocio en los labajos vallisoletanos, siendo la primera concesión obtenida y puesta en explotación la llamada Santa Isabel, junto a la ermita de la Virgen de las Salinas, en Medina del Campo.             Se construyeron allí dos balsas revestidas de cemento Portland, lo último de lo último de aquellos tiempos y más en un mundo agrícola como el castellano, de diez metros de largo por cuatro de ancho y veinte centímetros de profundidad, que cada sesenta días y con la ayuda de seis obreros producían dos toneladas de cloruro sódico cada una, un poco amargo por estar mezclado, decían los peritos, con una punta de sulfato de sosa.             Los cuarenta quintales de sal producidos en el año 1871 por la Santa Isabel se convirtieron en setecientos en 1872 y las dos balsas se multiplicaron hasta sesenta, con una superficie de evaporación de cuarenta metros cuadrados cada una. Los resultados invitaron a otros a querer imitarla y así nacieron tres nuevas concesiones nombradas El Porvenir, La Esperanza y La Fraternidad.             Nombres rimbombantes, modernos y sonoros, como el de otra concesión inaugurada en la laguna de Laguna de Duero, El Portento, dedicada en su caso, según declararon, a la obtención de sulfato de sosa sobre una extensión de cincuenta y tres hectáreas. Los químicos vallisoletanos habían analizado el agua de la laguna que daba nombre al pueblo y habían informado que llevaba dicha sal disuelta en cantidades explotables.             Desgraciadamente la explotación de las salinas duró poco por la simple razón de que se fueron acabando las aguas salobres. El drama fue que cuanta más sal se sacaba, más dulces se volvían las aguas de los labajos, que acabaron siendo lagunas prácticamente desalinizadas. En 1874 solamente seguían productivas en Medina la Santa Isabel, cuatrocientos cinco quintales anuales, y La Fraternidad, doscientos quintales. En 1876 puede decirse que se acabó la industria, tanto la medinense como la de sulfato de sosa de Laguna de Duero, por haber resultado el obtenido de muy mala calidad.             Una industria que en su mejor año produjo sales por  valor de doce mil pesetas – estamos en la década de los setenta del siglo XIX - y empleó a setenta personas y que, tras lo que dura un suspiro histórico, fue devuelta a los peces y a los patos. Luego desaparecieron también las aguas, los peces y los patos. A mí me gustaría volver a ver labajos, aunque fuesen de aguas que no has de beber.    Aguilar de Campos. Anastasio Rojo Vega. El siglo XVII fue nefasto para Castilla y León. Tiempo de calamidades agrícolas, sequías, riadas, granizos heladas y plagas varias, langosta, pulgón y coquillo entre otras. Pero la peor plaga fueron, sin duda, las guerras que mantuvimos con toda Europa a un tiempo, de chulos que éramos. Multitud de pueblos se despoblaron por entonces debido a ellas. Más que por las levas de soldados por los impuestos. Ya se habían inventado las quintas, que querían decir que de cada cinco hombres aptos para el servicio militar el pueblo tenía que dar uno; pero lo verdaderamente terrible fueron los nuevos impuestos inventados y aumentados para mantener toda aquella inútil maquinaria bélica. Los pueblos pequeños no se deshabitaron por falta de producción o de riqueza, sino porque con la falta de vecinos eran pocos los que tenían que pechar con los impuestos y salía carísimo. Era mucho mejor irse a una villa grande donde las obligaciones con la hacienda real quedaban mucho más repartidas y se tocaba a menos por barba. Paradójicamente la esterilidad, la fatalidad de los tiempos y las ansias recaudatorias de las autoridades han servido para dejarnos preciosos documentos sobre la realidad cotidiana de hace trescientos años, como por ejemplo el número de clérigos, párrocos, beneficiados y canónigos que había en cada iglesia y lugar. Como de lo que se trataba era de que nadie se escapase de cotizar, poco o mucho, quedan varios censos del clero con nombre y apellidos de cada uno de los que fueron y patalearon lo indecible, alegando que eso de los impuestos era cosa mundana y laica que no iba con ellos. Que sí que va con vosotros, les dijeron, y les censaron y tuvieron que pagar, como todo hijo de vecino. De esta época son los primeros intentos de racionalizar los impuestos, si es que alguna vez ha habido impuestos racionales. De tales intentos y de las levas de soldados podemos extraer instantáneas perfectas y precisas de lo que eran nuestros pueblos, como por ejemplo Aguilar de Campos en 1693, cuando se pidió el encabezamiento de sus vecinos “poniendo al labrador por labrador y con qué labranza y los oficios con el que cada uno tiene y a los demás su ejercicio y calidad”. Vamos, una especie de precedente del famoso catastro del marqués de la Ensenada. Aguilar estaba dividida en cuatro barrios llamados cuartos, de San Pedro, Santa María, San Esteban y San Martín. Como todos se conocían sobraba dar nombres a las calles y las únicas referencias urbanísticas y de localización de los vecinos habla de Mediavilla de arriba, Mediavilla de abajo, Barrial, calle de Santa María, calle de Bolaños, Plaza, calle de Bartolomé Rodríguez y  calle y plazuela de San Pedro. Ya está. Era pueblo agrícola - qué vamos a explicar sobre ello - del que únicamente escapaban ocho familias hidalgas que presumían de los apellidos San Martín, Villarroel, Huerga, Ramírez, Olea, Cifuentes y Mansilla. En la guía de teléfonos no queda ninguno, con lo que podemos pensar que en un tiempo dado los hidalgos se fueron con sus blasones a otra parte y que los vecinos actuales de Aguilar son dignos sucesores de los pardillos de antaño y del estado general. )Qué era Aguilar de Campos en 1693?. En principio una de tantas villas sometidas a las penalidades referidas. En 1670 decía: “su corta vecindad, lo menoscabado de vecinos y caudales y falta de frutos que ha habido con la langosta, falta de agua y accidentes del tiempo...”. En 1630: “no se ha cogido el pan que se había sembrado”, etc. etc. Banqueros y caseros decían: la eterna cantinela para no pagar la renta. En 1670 se habla de que se habían perdido vecinos, que había menos que antiguamente. En 1693 se contaban ciento trece casas vecinales, fuegos, vecinos o cabezas de familia. En la guía de teléfonos de 1998 figuran ciento veintidós, con lo que andamos por ahí, por ahí, aproximadamente como hace trescientos años. Entre los oficios y empresas actuales tenemos farmacia, funeraria y el bar Mulero si no se me ha pasado nada de lo que se cita y si siguen en 1999. En 1693 no había funeraria. Había un tal Miguel Martín que hacía oficio de campanero y sepulturero. Por lo demás el tejido económico de la villa, como dicen las encuestas, estaba compuesto por aproximadamente un 65 por ciento de gente ligada al campo, 37 por ciento con tierras en propiedad y 28 por ciento de simples obreros y jornaleros sin una triste obrada que echarse a la espalda. El segundo colectivo en importancia eran los pastores, casi otro diez por ciento y, sumados a los agricultores cerca del 75 por ciento del total de los habitantes, y después: cinco pobres de solemnidad - lo que en el lenguaje de la época significaba que vivían de pedir y no tenían dónde caerse muertos -, tres albañiles, tres sacristanes, dos sastres, dos mesoneros y dos panaderos. El paisaje callejero se completaba con: tendero, barbero, carretero, cortador - carnicero -, cerrajero, herrador, herrero - el herrador ponía herraduras y el herrero arreglaba rejas de arados y azadones -, especiero- la cocina castellana abusaba enormemente de especias como la pimienta y el azafrán -, maestro de niños, tratante en carnes, zapatero remendón, médico, cirujano, escribano, hortelano, guarda del campo y guarda del ganado. Los restantes oficios necesarios, como el de alguacil, los hacían algunos de los anteriormente citados, que ya habían inventado el pluriempleo. Los hidalgos eran un siete por ciento del total de la villa y el estamento eclesiástico, con el arcipreste Juan Holgado a la cabeza y doce miembros, el diez por ciento aproximadamente de los vecinos. ¿De dónde se sacaba para dar de comer a esta gente?. Evidentemente de las tierras de labor, aradas y sembradas con la maquinaria de la época: mulas y bueyes. Unas veces se apuntan bueyes y otras un par. Si consideramos que ‘el par’ son mulas y los bueyes, bueyes, el parque de maquinaria de Aguilar estaría compuesto hace trescientos años por sesenta y ocho mulas, treinta y nueve bueyes y dos yeguas.   No quedan apellidos hidalgos de los de antaño. Quedan los de la resistencia, los de aquellos que aguantaron los de los hombres del común, también calificados como hombres buenos. Ajustes. Anastasio Rojo Vega.             El Fondo Monetario Internacional exige sacrificios a los países que no han sabido llevar las cuentas al estilo alemán de dejar el déficit anual a cero. Ajuste es el nuevo perro guardián de la economía. Un ajuste tan singular que solamente ataca a los deficitarios, respetando a los que parecen solventes, porque, según las cifras, hoy hay en el mundo más ricos que ayer pero menos que mañana. Los deficitarios, insensatos, van en dirección contraria. Tal vez hubiera que incorporar a la lista una bienaventuranza para ellos, porque un día serán desahuciados, como el Álvaro D. de Pajarillos.              Grecia es la barba de vecino más próxima que tenemos y debe interesarnos lo que allí sucede para intuir lo que puede ocurrirnos a nosotros mañana. Su gobierno lleva tiempo dando manotazos, intentando espantar el enjambre de avispas que envuelve el país, y buscando árnica contra los dolorosos aguijones de las medidas de austeridad. Su ministro Venizelos anda mareando la perdiz, dándole vueltas a la mejor forma de aplicarlas sin que el pueblo llano se soliviante demasiado. Lo mismo aquí Rodríguez Zapatero ¿Quién le pone el cascabel al gato?.             Uno de los caballos de batalla que andan criando es la reforma del mercado del trabajo. Cobrar de acuerdo con lo producido. No pagar un tanto fijo, sino un porcentaje de lo que gane la empresa. Si la empresa un día gana mucho, tú habrás ganado proporcionalmente mucho, pero si ese día no ha hecho caja, tú tampoco te llevarás nada. Muy americano-anglosajón y muy fuerte. Dicen que así son la productividad, la competitividad y la flexibilidad. Dicen.             Un plato excesivamente fuerte para paladares acostumbrados a la suavidad del Estado del Bienestar. Más si le añaden las especias que esta nouvelle cuisine económica aconseja: subida del IVA, reducción de funcionarios, elevación de impuestos especiales sobre tabaco, alcohol, combustibles, electricidad; copago en educación y sanidad... Muchos cascabeles y demasiado grandes.              Ajusticiados. Anastasio Rojo Vega.             Los niños son los seres más egoístas del mundo. Llegan a la vida llenos de apetitos que piden satisfacer a gritos, al no haber previsto la Naturaleza para ellos unos cursillos presociales equivalentes a los de preparación para el parto de sus madres. El cálido y húmedo proyecto de hombre tiene hambre y muerde, nota los pañales húmedos y llora. No admite espera. Lo que quiere lo quiere ya y que no le hablen de obstáculos entre el ego y el objeto de sus ansias.             Así que la primera ley de los hombres debió ser inmisericorde, como propia de una humanidad recién gestada. Algo no muy distinto de la Ley del Talión que siguen practicando los israelitas, con el derecho moral que les presta el creer que la han recibido directamente de Dios. Una justicia que en vez de balanza lleva en las manos un hacha y un tajo. Más que justicia ajusticiamiento, forma de dejar una marca indeleble en la memoria de los asistentes para mejora de su formación cívica y ejemplo, y manera de hacer purgar al reo, sobre la faz de la tierra, la falta cometida.             Un romano de la época de César no hubiera aprobado ni la inyección letal ni la guillotina. Una muerte instantánea, sin dolor ni sufrimiento del culpable, les habría parecido cosa de burla. El condenado a muerte debía y tenía que llegar al punto de arrepentirse de haber nacido, a los confines del dolor físico insuperable y a los límites del terror psíquico enloquecedor. La oriental, civilización refinada en lo mejor y en lo peor, logró en ciencias del sufrimiento humano la cumbre del saber, desarrollando el mítico tormento chino. Su fundamento consistía en saber prolongar la vida del torturado hasta más allá de lo imaginable, mucho más tiempo que los verdugos occidentales. Sabían cortar durante horas finas lonchas de carne del cuerpo del condenado, con un cuchillo afilado, sin tocar órganos vitales que precipitasen la muerte del maltratado. La maestría del torturador se medía por el tiempo que el condenado, sometido a tortura continua, duraba vivo; de ser posible hasta que de él no quedasen más que una cabeza y unos ojos que continuasen viéndolo todo, para seguir aterrándose.             Naturalmente el impulso que condujo a desarrollar estas exquisiteces, el más difícil todavía, fue que el acto de justicia se ejercía públicamente, incluso en la ciudad de Valladolid, en cuya plaza mayor se montaba la horca entre la picota, escaparate de vergüenzas, y los puestos de las verduleras.             De hecho la cofradía de la Pasión, cuya sede era la iglesia de la calle del mismo nombre que ahora dedican a exposiciones, fue creada para atender a los ajusticiados, causa por la que su patrono era el pobre San Juan Bautista degollado. Tareas menores, pero también suyas, eran recoger los muertos de los caminos y sacar los ahogados del río. La noche anterior a la ejecución se juntaban los cofrades, se ponían sus hábitos de disciplina y, cargados con el Cristo llamado de la Pasión y alumbrados con velas, tomaban el camino de la cárcel, edificada en las cercanías de lo que ahora llamamos Poniente. Ya en ella, subían a la celda del reo y le comunicaban cómo, por estatutos y por su condena a muerte, habían decidido aceptarle por cofrade y hermano. A continuación sacaban una túnica de bayeta negra y mientras uno se la ponía, otro le leía la larga lista de indulgencias conseguidas de los papas. Si el reo aguantaba todo sin liarse a trompazos y aceptaba el nombramiento, pasaban a comunicarle que podía pedir lo que quisiese para cenar, dulces, bizcochos y vino; después, servida la colación, se retiraban dejando un capellán que cuidase de meter un poco de orden en aquel alma. No bien había amanecido y ya estaban nuevamente los de la Pasión en la plaza, pidiendo limosna al ritmo de una campanilla de triste sonido, según se cuenta, y de un sonsonete lúgubre que decía: hagan bien para hacer bien por el ánima de este hombre que sacan a ajusticiar. Lo recogido se empleaba en el entierro. Luego la rutina. Paseo en burro hasta el cadalso, con el ejecutor manifestando en altas voces el pecado, y horca. Si el delito había sido de pocos pelos, aquella misma noche los de la Pasión lo descolgaban y enterraban. Fin del asunto. Pero si el crimen había sido de los mayores, al atardecer allí no quedaba muerto, que el verdugo se había encargado de hacerlo trozos y colgarlo de postes y escarpias puestas en los caminos. Aún así los cuartos picados de grajos y medio comidos por las alimañas seguían siendo de los de la Pasión y pretexto para otra fiesta el domingo quinto de Cuaresma, llamado de Lázaro. La víspera salían con mulas ricamente adornadas a recoger las reliquias amojamadas de delincuentes amontonadas durante el año y vueltos daban tierra a las peores en San Andrés, en San Francisco, o donde tocase, reservando las más llamativas para exponerlas públicamente, sobre un mostrador, en el funeral que había de celebrarse la mañana siguiente. Concluidas las honras funerales, también ellas pasaban a tierra. Dando ejemplo hasta el último momento.   3D. Hubo un tiempo en que los médicos creyeron que lo vivo y lo no vivo eran cosas esencialmente diferentes, que los mundos de lo orgánico y lo inorgánico estaban separados por un algo que llamaron impulso vital, èlan vital según los de Montpellier, por virtud del cual las cosas que ocurrían en el interior del cuerpo humano, por poner un ejemplo, no podían darse en el exterior, y viceversa. Recibieron el calificativo de vitalistas y a su escuela, a su tendencia, pertenecieron desde el fundador de la homeopatía, el alemán Samuel Hahnemann; hasta su compatriota filósofo Friedrich Nietzsche. Destrozó la teoría de que lo vivo era radicalmente diferente de lo inerte otro Friedrich, Wöhler, de Francfort, al explotarle entre las manos la urea, un compuesto de la orina sintetizado a partir de los ácidos y sales que llenaban los frascos de las estanterías de su laboratorio escolar. La evidencia le abrumó. Fue uno de esos hallazgos que se sobreponen al descubridor. Pero ¿qué haces tú aquí? Fue un rendirse a la evidencia por la fuerza, como llevado agarrado de los brazos por la pareja de la guardia civil. Él no lo pretendía ¿Quién le mandaba meterse en líos? Tan pocos problemas quería, que a un compuesto del mismo carácter que había florecido poco antes entre sus manos le había puesto el ingenioso nombre de ‘líquido amarillo-blanco desconocido’. Quita bicha. En estos días Andrew Hessel, cuya página Programming life pueden consultar, ha anunciado la fabricación de virus con impresora 3D. Hasta ahora habíamos visto tales artefactos relacionados con armas y prótesis, hasta con comidas y reposterías, pero un virus... Es mucho. Es otra frontera. Es abrir la puerta a una nanotecnología  que puede llevar a la manufactura de códigos genéticos, de DNA y RNA, de nuevos animales, nuevas plantas y ¿nuevos hombres?. Va todo tan rápido que, parafraseando a Lou Reed, hubiésemos podido decir a nuestros abuelos: he visto más cosas nuevas en un día, que viste tú en ochenta años. 15-Mflautistas. Anastasio Rojo Vega.             Los griegos, los que nos condujeron del mito al logos, de lo fabuloso a lo razonable, se han manifestado frente al Parlamento de Atenas, armados de una bandera española y del lema: ¡Estamos despiertos! ¿Qué hora es? ¡Ya es hora de que se vayan!. El letrero está escrito en perfecto castellano, así que lo habrá redactado uno de esos Erasmus o españoles jóvenes que están empezando a salir del territorio natural para buscarse la vida.             Son la generación ni-ni, la generación perdida, la de los triunfadores ninguneados y la de los príncipes destronados. Triunfadores porque así se sintieron hace nada agitando la bandera y coreando el triunfo de la ‘roja’. España campeona del mundo y ellos sus orgullosos hijos, los mejor preparados de la historia, gracias a esas actividades extraescolares a las que se empeñaron en llevarles sus padres. Música, danza, idiomas, equitación ¡Si vuestros bisabuelos levantasen la cabeza!.             Y ahora se enteran de que esa vida tan prometedora para la que han sido educados no llegará hasta, por lo menos, dentro de quince años, que es cuando, según los analistas listos, se va a comenzar a recuperar el empleo. Recuperar, dicen ¿Qué clase de empleo? ¿El que buscan los 15-M? ¿Aquel para el que se sienten capacitados? ¿El que les permita vivir con el mismo nivel que un día tuvieron sus padres? ¿Empleo o subempleo?.             ¡Claro que son apolíticos! Cuando de lo que se trata es de sobrevivir autónoma y dignamente y cuando la situación está como está, hacen más falta gestores que aprovechados.             Es la primera revolución que ha levantado una barricada apolítica, puramente económica. Una barricada defendida desde las dos partes. De un lado ellos, los indignados, los que quieren trabajar para vivir; de la otra los elegidos del pueblo, dispuestos a llamar al séptimo de caballería si alguien osa reclamarles su derecho a vivir regaladamente sin hacerlo; al menos de la forma en que entiende el trabajo la chusma.              Las espadas están en alto. Al botánico discreto. Anastasio Rojo Vega.             Escribir en un periódico te hace aprender una cosa, que escribas lo que escribas, el artículo tendrá siempre partidarios y enemigos. En una ocasión, tratando de las células madres, hasta me amenazaron de muerte por teléfono... Un loco.             Hay que tomárselo con filosofía y recordar lo que contaba K-Hito de cómo había llegado a cosechar sus mayores triunfos como dibujante de la manera más tonta. Un día no sabía qué hacer para la viñeta humorística del ABC y, seco hasta la médula, viendo que no le quedaba más tiempo para esperar una idea, cogió el lápiz y dibujó un plato de fabada; título: plato de fabada. Pues bien, aquella viñeta fue considerada el no va más del siglo. Le llovieron cartas: ¡qué sutil es usted. Es cierto, lo que le han hecho a la oposición es una judiada!, y similares, cada cual más disparatada que la anterior; tanto como los críticos que explican en la inauguración de una exposición abstracta de qué van los cuadros, mientras el artista pone la cara estupefacta de quien piensa ¿de verdad he querido decir yo todo eso?.             Pero tampoco faltan las cartas y los mails gratificantes, algunos tan bonitos que ponen los vellos de punta y meten al cuerpo ganas de bajar a la calle a tomar un vermouth y conquistar pibas. Uno querría proclamar a los cuatro puntos cardinales ¡me quieren! ¡me quieren!, pero, claro, lo cuentas en el periódico y no te creen – se lo está inventando - o piensan que eres un gilipollas que anda presumiendo.               En este caso no se trata de una carta como para dejarlo todo y salir de copas, sino de una puntualización botánica sobre una cosa que escribí hace algún tiempo sobre los ranúnculos, pero cariñosa, pero sin dirección – simplemente ‘Javier’ -, y que me gustaría agradecer; y como no me la estoy inventando, que me la ha reenviado la redacción del periódico, adonde llegó, pues la contesto.             Querido Javier: su carta ha sido muy gratificante (véase el párrafo anterior) y en cuanto a las puntualizaciones, decirle que de los dos libros que me cita tengo uno, el de Caja de Burgos, el otro de la cubierta vegetal no, pero lo compraré. En lo relativo al ranunculus ficaria, es cierto que se cita en el de la Caja: “Esta especie fue citada a principios del siglo XX en Olmedo... y ha vuelto a ser vista muy recientemente en terrenos húmedos y umbrosos cercanos al río Eresma en Matapozuelos”. Escribí el artículo de memoria y no recordaba dicha referencia, desde luego es una rareza y mucho más raro que una población abundante viviese en la propia ciudad de Valladolid, aunque condenada a inminente desaparición, como los ombligos de Venus, una gran pradera de melisa que posiblemente en este momento ya no exista; espantalobos, etc.              Lo quería señalar con los ranúnculos, es que no hacemos nada por conservar lo que en otros lugares se considera patrimonio natural. Tengo una muy buena bibliografía botánica – y un herbario que pongo a su disposición – y nada hay aquí similar a las grandes obras generales del País Vasco y Cataluña. Es muy simple, al no considerarse riqueza no se financia ni su conocimiento ni su conservación. Ese es el meollo del asunto.