Denominación Paradoja

Denominación Paradoja Los viejos no estudiaban ciencias agrarias, no sabían de minerales, oligoelementos ni PHs; sabían, simple y sagazmente, que unas tierras eran buenas para garbanzos, otras para trigo, ciertas para viñedo, y algunas para nada más que piedra camera de los trillos, para eras. Hablaban de tierras fuertes y ligeras, margosas y arcillosas, con morrillos y arenosas, y según hiciesen terrones o no y se deshiciesen apretados por sus fuertes manos, adivinaban qué podían criar; porque en su interior no sentían que fuesen ellos los criadores de la cosecha, sino que la criadora era la tierra, la madre tierra, de la que ellos eran simples ayudantes que la daban abono cuando tenía hambre y regaban cuando tenía sed. Cada tierra criaba una cosa. Las secas cereales secos, las húmedas verduras jugosas; de tal palo tal astilla. Pero no siempre. Uno de los productos estrella de estas tierras áridas ha sido históricamente la paradoja. Paradoja como que el patrono de los marineros, San Telmo, naciese en Frómista; o que los almirantes de Castilla tuviesen su solar en una localidad apellidada Rioseco; o que el piloto mayor de Felipe II en la Casa de Contratación de Indias, Rodrigo Zamorano, fuese de la misma población supuestamente bañada por el Sequillo; o que uno de Santervás, Ponce de León, surcase los mares para descubrir Florida; o que en Medina del Campo se produzcan langostinos. Habrá que estudiar la puesta en marcha de una Denominación de Origen Paradoja. De Medina sale cada día una legión de crustáceos, a pelear en el Mercado Central de Madrid con los viejos tercios de Vinarós, La Manga y Sanlúcar. Se nos va complicando la vida. Ya no habrá que distinguir tan solamente entre churras y merinas. Tras la etiqueta de Gamba Natural no hay manglares asiáticos, sino colinas pedregosas. Como hermanos de leche que son, seguro que estos langostinos maridan perfectamente con los blancos de Rueda y sobre todo, y esto no será paradoja, con los de La Seca.